ENTREVISTA A UNA LUCHADORA

El día 26 de Noviembre del 2017 le he realizado una entrevista a mi abuela sobre el proceso que le ha tocado de vivir gran parte de su vida, el cáncer.

Ella, María Olga Pérez García, a sus 72 años está nuevamente luchando contra un cáncer de mama, por lo tanto, he decidido no grabarla.

Dicho esto, esta entrevista la voy a traspasar en 1ª persona, en mi opinión de esta forma va a ser más cercana hacia el lector y a muchos de vosotros os podrá ser una inspiración en un futuro.

Corrían tiempos difíciles en España, por lo tanto, en el año 1969, Evaristo (mi marido) y yo decidimos emigrar a Alemania. Vivíamos en la ciudad de Hannover, mi esposo trabajaba en una fábrica de madera, mientras que yo estaba en una fábrica de muebles.

Tenerse que marchar de tu propio país pienso que para nadie es fácil, pero gracias a esta difícil decisión, (eso sí trabajando mucho), conseguimos invertir nuestra situación. 

Fue en el año 1980 la primera vez que los médicos alemanes me dijeron que tenía una masa extraña en el pecho, por suerte tras ser intervenida, resultaron ser tumores benignos y todo salió bien.

Al poco tiempo de regresar a España, aproximadamente en el año 90 me diagnosticaron cáncer de mama. Por supuesto que fue un gran impacto y justo en ese momento hubiera preferido que la tierra me tragase. El personal sanitario me comunicó que tenía una masa extraña en el pecho derecho. Reaccioné repentinamente y le dije que quería ponerme en sus manos. Al poco tiempo, me extirparon un trocito de mi mama derecha. Lo peor de todo fue la primera vez que me enfrenté al duro tratamiento de quimioterapia y posteriormente radioterapia, los cuales pensé que me llevarían a la tumba, de todas formas este comentario no es para desanimaros ni mucho menos, en este caso hay que ser fuertes y tener mucho valor para seguir luchando y vencer a todo lo que venga. Yo, me considero una mujer muy fuerte y al mismo tiempo luchadora, pero hay que tener en cuenta que este tipo de tratamientos presentan complicaciones que en muchos casos son difíciles de afrontar.

Lo peor que siempre llevé (llamadme rara, o no) fue la caída de mi cabello,  que medianamente solventé con el uso de pelucas. En este tratamiento del que os acabo de hablar me cayeran las veinte uñas de los dedos, también tenía llagas bucales las cuales me impedían comer e inclusive hablar, habitualmente tenía náuseas y como consecuencia de todo me sentía muy cansada y tremendamente débil.

En el año 1995, tras la realización de una prueba anual, de nuevo observaron que algo no estaba bien y me hicieron una biopsia. Al poco tiempo, me confirmaron que volvía a tener cáncer, en esta ocasión, el pecho izquierdo era el que se encontraba afectado. Me operaron, y por segunda vez me enfrenté y afronté un tratamiento de quimioterapia y radioterapia, esta vez, menos agresivo.

Aproximadamente dos años después, los médicos me aconsejan un transplante de médula ósea, a través del cual, a priori se imaginaron que conseguirían eliminar las células malignas de mi cuerpo. Estuve aislada diecinueve días, mi nieta tenía de aquellas un añito y ni os imagináis pese a mi situación, las ganas que tenía de salir de aquella habitación, recuperarme y verla crecer. Y así fue, pero el transplante no salió tan bien como en un primer momento creía todo el equipo médico.

En el año 2000, me diagnostican de nuevo cáncer, en esta ocasión, de nuevo en la mama derecha. La operación en esta ocasión no salió bien, y una semana más tarde tienen que intervenirme de nuevo, realizándome la primera mastectomía. De nuevo y por tercera vez, me enfrento a quimioterapia y radioterapia y por supuesto todo lo que conlleva este tipo de tratamientos. Una mastectomía implica que literalmente te quiten el pecho, en aquella época era bastante joven y me ofrecieron varias alternativas, una de ellas fue la reconstrucción, a la cual me negué, decidí comprar una prótesis.

Cuatro años más tarde, concretamente en el año 2004, justo en la zona donde me realizaron la mastectomía me diagnostican cáncer de piel. De nuevo otro palo en mi vida, y otra vez me volvieron a operar, en esta ocasión me realizaron un transplante de piel y por cuarta vez me enfrente a tratamientos de quimioterapia y radioterapia, cada vez menos agresivas, o así lo notaba yo.

En el 2011, me realizan una revisión semestral, os sorprenderá o quizás después de contaros todo lo que he vivido hasta el momento no os extrañe que una vez más me diagnostiquen cáncer de mama, en esta ocasión el pecho izquierdo fue el afectado, por quinta vez pasé por todo el trance que esto supone, hasta este año, querido 2017 (porque siempre hay que ser positivos), te has llevado mi otro pecho, el izquierdo.

A día de hoy, me encuentro en la décima sesión del tratamiento de quimioterapia. Sigo siendo como la primera vez, fuerte, aunque en cada ocasión me noto más cansada. Pienso que es algo normal, de todas formas soy una persona optimista, mientras pueda quiero seguir luchando, porque tengo muchas ganas de vivir. 

Si por mala suerte os toca vivir un proceso como el que me tocó a mi, no os asustéis, en todos estés años en el hospital tuve la fortuna que el personal sanitario me trató de una manera magnífica, me sentiré eternamente agradecida con ellos, y después de tantos años los considero como mi segunda familia, porque más que médicos, enfermeras, celadores, auxiliares, administrativos… son de una forma u otra mis amigos.

He de decir, que el primer diagnóstico, quizás fue el más duro, en ese momento me quedé ciega, no asimilas que siendo tan joven te suceda algo así. Al salir de la consulta miré a mi marido, lo observé triste, de todas formas el sabía perfectamente que yo haría todo lo posible por salir adelante, aunque hay veces que es cierto que por mucho que luches esta es una enfermedad que poco a poco te va minando. Al llegar a casa, hice la comida y al llegar mi hija y mi yerno del trabajo hablé con ellos y se lo conté todo, por supuesto que la persona que más miedo me daba su reacción era mi hija, ella es más sensible que yo.

Mucha gente la palabra cáncer la describe como impotencia, que sería lo más normal en este caso, yo le otorgo otro significado, valor, mucha valentía es lo que se necesita para enfrentarse a esta realidad tan difícil y ser muy valiente para intentar superarla.

Tener cáncer, precisamente no lo considero algo positivo en la vida, de hecho la palabra cáncer después de tantos años me sigue poniendo respeto porque por su culpa he perdido los mejores años de mi vida y como consecuencia de estar enferma perdí momentos muy importantes, de todas formas, sí que he aprendido a ser más fuerte, a valorar las pequeñas cosas y nunca dejar para mañana lo que pueda hacer hoy.

A todas las personas que estéis leyendo el “pequeño” historial clínico de mi vida, os aconsejo que no tengáis miedo, si estáis pasando por un momento difícil, ser valientes, mientras vuestro cuerpo os lo permita no os encerréis en casa, seguir haciendo las mismas cosas que hacíais hasta este momento, disfrutad de los momentos que la vida, que por dura que sea, siempre tiene su encanto.

Mi gran luchadora, mi abuela.


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